Paciente de alzheimer a García Márquez


Hace algunos años que padezco alzheimer. Quizá hayan leído alguna vez que me he quejado a algunos políticos que por estos lares habitan reclamándoles algo de dignidad para mí y para muchos como yo, donde los recuerdos son solo sombras del presente y el pasado alguna casa a la que siempre queremos regresar.
Después de más de más de diez años con el ladrón de recuerdos a mi lado la vida no ha hecho más que empeorar. Y los que me rodean, aún con todo el cariño que son capaces de darme, hay ocasiones en las que les fallan las fuerzas. Sin ayudas, sin compresión. Y el tiempo pasa, y, cuanto más jodido estoy, menos interés tienen por mí esos que se tiran los trastos a la cabeza hablando en mi nombre de leyes de dependencia que solo te ayudan a morir peor.
Me he quejado a Rajoy, a la Ana Mato, a Paulino Rivero y a su consejera Inés Rojas, que dicen es la encargada de arreglar esto. Pues algo incompetente si que tiene que ser, pues cuánto peor me encuentro, más mal me tratan. Entre los recortes de unos, y la incompetencia de los otros, resulta que poco a poco vamos muriendo sin que a nadie le importe nuestro sufrimiento y el de nuestras familias. Mientras, ustedes, alejados de la dura realidad,(nunca estuvieron cerca) prefieren hablar de la gran economía, de Europa, o enriquecerse entre corruptos a costa de nuestro dinero. Me da la impresión de que ese sistema al que toda la vida he estado aportando con mi trabajo y del que al final de mis días iba a ser beneficiario, más pareciera que ahora soy un simple asegurado que tiene que pagar por sus medicinas carísimas, por sus pañales, por sus batidos proteicos y todo para que sus amigos de las farmacéuticas sigan engordando sus cuentas de resultados.
Y hoy el ladrón de los recuerdos, que también visita a los grandes creadores de historias, se ha llevado al genio de Gabriel García Márquez. Afortunadamente, el ladrón llegó cuando las historias estaban a buen recaudo, y los Aureliano Buendía y toda la saga creada, permanecerán vivas en las memorias de muchas generaciones. Sé que ahora, los que en vida criticaban su cercanía a los más pobres de la tierra le rendirán homenajes y no se les caerá la cara de vergüenza.
Ojalá Gabriel, que tu memoria sirva para no olvidar a los que ya no recuerdan. Quizá algún día Melquiades aparezca con la pócima mágica para solucionar la enfermedad del olvido. Ese día, los que todavía nos gobiernan huirán despavoridos.

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