D. Mario fue mi maestro. En memoria de Mario Vega Artiles, maestro de escuela


Hace unos días falleció en Arinaga Mario Vega Artiles, maestro que fue de muchos chiquillos del sureste. Las líneas que dejo a continuación las publiqué en el periódico Diario de Las Palmas el 28 de septiembre de 1995 con motivo del homenaje que recibiría al siguiente día. Desde aquí mi recuerdo y mi gratitud por tantos años de esfuerzo.

D. Mario

 

 

Don Mario fue mi maestro.

 Mañana viernes, 29 de septiembre, se rendirá homenaje a quien ha sido toda una institución en la escuela pública canaria: Mario Vega Artiles.

Llegada la edad de su jubilación  es momento de rendir tributo a quien, prácticamente, ha dedicado su vida al servicio de la enseñanza, pasando muchos de esos años en la entrañable escuela de Goleta-Piletas.

Quien suscribe estas líneas tuvo la oportunidad de asistir en los difíciles años 60 a aquella escuela, con dos aulas y un comedor (con cariño desde estas líneas, un recuerdo para la cocinera Antoñita), donde la escuela toda era un espacio de sabiduría, donde se daban cita el latín y el griego, el francés y algo más tarde el inglés, cuando D.Mario empezó a interesarse por este nuevo idioma que por aquel entonces empezaban a emitir las ondas de Radio Ecca. Estas, y muchas, muchas más cosas trataban de encontrar un hueco en la pizarra que bordeaba toda el aula.

La escuela de D.Mario en aquellos años acogía alumnos de municipios cercanos: Ingenio, Agüimes o Santa Lucía, pues la zona de La Goleta-Piletas estaba poco poblada en aquel entonces. Llegar a la escuela de D.Mario para el grupo de chiquillos que íbamos desde Vecidnario no era tarea fácil: unas veces aprovechábamos “el camión de los ingleses” que llevaba mujeres desde Sardina hasta unos invernaderos cerca de Los Corralillos y cuando la suerte no estaba tan de cara, no nos quedaba más remedio que atravesar Barranco de Balos durante cinco o seis Km., los que nos separaban de la escuela.

Era aquella una escuela a la que podías llegar a las 8 de la mañana y marchar a las 5 ó 6 de la tarde. Estar en la escuela de D.Mario era “tener un propósito para cada día”; era tratar de mejorar nuestro vocabulario con el “suele y debe decirse”;  era el destierro del bolígrafo en aras de la mejora de la letra a base de tintero y palillero. Para mí, el ejemplo que nos deja D. Mario, de entrega y sacrificio para sacar chiquillos adelante, especialmente en años donde el dinero de nuestras familias era más bien escaso, es digno de todo el elogio que, sin lugar a dudas, otros con mejor pluma seguramente ya habrán glosado.

Todo esto hizo que con el paso de los años anidase en mí la esperanza de ser algún día como tú, maestro, siquiera fuese para emular  lejanamente el amor que le profesabas a la enseñanza. Y ya ves, aquí me tienes, después de 17 años (hoy 35 años), en medio de la chiquillería y la Reforma, intentando aprender algo nuevo cada día, para intentar que la vida también pueda sonreir a estas nuevas generaciones, algo no siempre fácil de conseguir.

Desde aquí Mario, te agradezco lo que hiciste por éste que fue tu alumno, lo que nos enseñaste, tus consejos. Yo, y supongo que muchos otros, te damos las gracias por esos años de entrega al trabajo y a los chiquillos.

Espero que la nueva situación que a partir de ahora te toca vivir esté llena de éxitos y que todos tus deseos o  sueños no realizados puedan ver la luz.

De verdad. De corazón. Sinceramente. Gracias, maestro.

( Las Palmas de Gran Canaria. 28 de septiembre de 1.995)

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