Se va el maestro, se queda el amigo


Video del acto

Amigas y amigos. Hoy para mí concluye una etapa. Dejo la escuela por llegar a la edad de jubilación y dejamos paso a las nuevas generaciones. Como dije en mis palabras de despedida a los compañeros “SE VA EL MAESTRO, SE QUEDA EL AMIGO”. Les dejo el video ( y las palabras escritas) como muestra de agradecimiento a los niños y niñas, padres, madres, compañeros y compañeras con los que tenido la suerte de disfrutar de una profesión a la que amamos. De verdad, de corazón, gracias a todas y a todos.
Muchas gracias al amigo y compañero Chema ( J.M. Moreno ), el profe de filosofía, con el que he tenido la suerte de compartir este día, ya que él también recibe el merecido disfrute de la jubilación. Gracias por el momento compartido. Un abrazo amigo.
Gracias al amigo Antonio Martos, profe del centro, por su ayuda inestimable en la grabación de este video. Un abrazo amigo.
Este fue el texto que leí:

Recordar es fácil para el que tiene memoria. Olvidar es difícil para el que tiene corazón” . Gabriel García Márquez

Se va el maestro, se queda el amigo (idea de mi amiga Hanna)

Un buen día del año 1965 mis padres me levantaron de la cama y me dicen que a partir de ese momento cambiaba de escuela. Abandonaba un centro cercano a la casa donde vivía y empezaba una nueva aventura, unos kilómetros más lejos. Podría decir que aquella decisión posiblemente cambió mi vida y mi forma de ver el mundo.
La escuela toda era un espacio de sabiduría, con unas paredes totalmente escritas donde se daban cita el latín y el griego, el francés, las tablas de multiplicar o los símbolos químicos, tratando de encontrar un hueco en aquella pizarra que bordeaba toda el aula.
Estar en aquella escuela era “tener un propósito para cada día”; era tratar de mejorar nuestro vocabulario con el “suele y debe decirse”; era el destierro del bolígrafo en aras de la mejora de la letra a base de tintero y palillero.
Estar en aquella escuela era ver a un maestro ejemplo de sacrificio y entrega para sacar chiquillos adelante, en años donde el dinero de nuestras familias era más bien escaso.
Sin lugar a dudas, el paso por la escuela de Mario Vega Artiles en La Goleta (Agüimes), influyó y mucho en mi decisión posterior de ser algún día maestro, aunque solo fuera para emular lejanamente el amor que ese, mi maestro, le tenía a la enseñanza.
Y después de 38 años, aquí estamos. No sé si lo habremos conseguido pero, aún a pesar de las dificultades, hemos hecho el intento de que la vida también pudiera sonreír a las generaciones que he tenido la suerte de enseñar.
Por supuesto, era aquella una escuela de todos. Una escuela pública. Sí, una escuela pública en la que años más tarde, ya maestro, tuve la suerte de compartir ilusiones y trabajo con grupos de docentes amantes y defensores de La Escuela Pública. Y nos contagiamos del compromiso con una parte de la población que solo iba a tener esa oportunidad de enseñanza reglada en su vida. He creído en la enseñanza pública y la he defendido como trabajador y como padre, pues siempre pensamos en la familia que debíamos predicar con el ejemplo.
Debo mucho a una profesión que ha conseguido hacerme mejor persona, que me ha permitido acercarme a los más desfavorecidos a nivel económico, social o intelectual, y seguro que no sería el mismo sin todas esas experiencias gratificantes que mi alumnado me ha permitido vivir, no sería el mismo sin todo el cariño que he sentido de muchos niños y niñas, de muchas familias, de muchos compañeros y compañeras. Por todo ello, gracias.
Gracias a Castillo del Romeral donde tuve un efímero primer destino, de solo un año. Gracias, sobre todo, a la gente de Casa Pastores. Seguramente, habré sido el maestro más acomodado, pues me han tenido que aguantar durante 37 años. Aquí he estado cuando ha habido luz y cuando se hacía de noche. En tiempos difíciles y en la alegría de los buenos momentos. He visto pasar a muchas generaciones, a chicos y chicas que fueron y que hoy me envían a sus hijos e hijas. Gracias a los más chiquitillos, a los preescolares de aquel entonces, con los que fui muy feliz y a los más grandes, a los que, en ocasiones, había que frenar su ímpetu.
Gracias al Colegio de Primaria de Casa Pastores donde dejé muy buenos amigos y amigas.
Gracias al IES Santa Lucía que acogió a este maestro que llegaba algo perdido al mundo diferente de la Secundaria. El respeto y apoyo que me prestaron nunca lo olvidaré.
Gracias, como no, a mis chicas. Un lujo haber estado junto a Pilar, Yuly, Ángeles, Lidia, hoy algo lejos, con las que he recorrido un largo camino, así como a muchas otras, (este año Noemí ) cuyo paso ha sido más efímero. El apoyo de ustedes ha sido muy valioso. He sido el hombre más afortunado junto a unas mujeres maravillosas, valientes, que no se dejan intimidar fácilmente, defendiendo las ideas que creen correctas y justas e incluso, llegado el caso, diciendo no al poder que en ocasiones se quiere imponer. Ni un paso atrás amigas, ya saben que “el poder nunca abraza a los que pueden pensar”. Les voy a echar mucho de menos pero sepan que estaré cerca.
Gracias como no, a mi compañera Loli, ella sí que se ha dejado el alma y la vida en esta profesión. Gracias por compartir el camino. Gracias a mi hijo Pablo, por aguantar tantas charlas de maestros. Gracias por tanta ayuda, tiempo, comprensión, seguridad y cariño.
Amigas, amigos, compañeros, compañeras, chiquillos y chiquillas, les animo a seguir adelante, y a seguir defendiendo nuestra escuela pública. No corren buenos tiempos y los “malos” últimamente nos han quitado derechos que nos costaron muchos años de lucha. Pero habrá que seguir gritando, exigiendo, reclamando una escuela mejor y una sociedad más justa.
Así pues, ante los problemas, una sonrisa, luchen por lo que crean justo, que el miedo no les haga abandonar y traten poco a poco de hacer realidad sus sueños.
Sigue aunque todos esperen que abandones.
No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.
Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.
Cuando por los años no puedas correr, trota.
Cuando no puedas trotar, camina.
Cuando no puedas caminar, usa el bastón.
¡Pero nunca te detengas! (Agnes Gonxha)

Besos y abrazos.

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