#14N A la huelga general, por dignidad

Suena estos días entre los amigos y compañeros la pregunta de si irás o no a la huelga general. Antes de contestar muchos aprovechan para criticar a los sindicatos que dicen “han estado vendidos” o muchos otros te alegan que no podrán ir porque perderán el trabajo, su jefe se lo tendrá en cuenta y argumentos que en el contexto actual uno quizá podría entender, pues la presión  sobre la sociedad en general, es actualmente asfixiante, para evitar que el poder sufra las consecuencias de un día de huelga.

Yo si estaré en la huelga general. Por dignidad. Porque debemos evitar que el futuro para muchos de los nuestros no exista. Y por los que sufren esta maldita crisis: los desahuciados, los parados, los dependientes, y por todos aquellos que muy pronto van a estar en situación de marginalidad social.

Ya sé que fastidia que nos puedan descontar algo ( a los que todavía trabajamos), pero ¿acaso no hemos perdido ya bastante por no hacer nada? Pagas extras que no vendrán, despidos masivos, gente sin casa (casas sin gente), bancos que se llevan nuestro dinero.

Tenemos que parar. Tenemos que hacer que tiemblen los cimientos de un estado insensible a los más pobres. Tenemos que poner en la calle a los que nos están robando la sanidad y la escuela  pública para dársela a las empresas privadas (de las que ellos son accionistas).

Así que si puedes, sal a la calle, grita, exterioriza tus cabreos. No lo hagas por ti. Hazlo por los que no pueden salir: por los viejos que no podemos cuidar, por los niños que no podrán ir a una escuela digna, por los hijos que no se podrán pagar una universidad, por los que tendrán que emigrar  porque aquí no tienen futuro. Díselo al PP. Díselo al PSOE. Díselo a Coalición Canaria. Grítale a Rajoy. Grítale a Rubalcaba. Grítale a Paulino Rivero (un hombre sin corazón, según las últimas noticias).

Por eso, y por muchísimas cosas más YO VOY A LA HUELGA GENERAL.  Si quieres y puedes nos vemos en la calle, esa calle que entre todos una vez más vamos a ganar. Allí nos vemos.

Paciente de #alzheimer a #Mato ministra

Sra ministra: Soy un enfermo de alzheimer desde hace más de 9 años y hoy me ha tocado ir a visitar a Don José, mi médico, para que recetara mi medicación habitual. Después de un rato me ha dicho con cierta vergüenza que algunos de los medicamentos que habitualmente tomo los tendré que pagar íntegramente. Sí, señora ministra, son los medicamentos esos que me permiten ir al baño, el Duphalac y el Plantago. No sé si usted lo sabrá pero cuando no voy al baño casi no sé caminar, me cuesta mucho moverme y, prácticamente estoy más muerto que vivo. Hace poco me pasó.

No sé si usted lo sabrá pero casi todos los mayores necesitamos este tipo de medicamentos y, yo que ya no sé ni quien soy, ni conozco a mis hijos, y malamente me interesa lo que pasa a mi alrededor, si no tomo estos productos y alguien me lleva al baño, me sienta y espera un buen rato, pues la verdad, me lo van a poner difícil.

¿Y qué hago Sra ministra? Dice Don José que tendré que pagarlo si lo quiero tomar, que tendré que sacarlo de mi pensión, esa que ustedes dicen que no se bajará y que a mí me dura cada vez menos.  Y ahora que me viene la luz y se me agolpa la indignación me atrevo a preguntarle  por el dinero ese que le he prestado. Si mujer, el Axura y el Exelon, dos medicamentos que juntos valen cerca de 600 euros y por los que ustedes se han quedado ya más de 60 euros. ¿Cuándo me los va a devolver? Es que mire usted, casi no me llega. Porque es que además del problema de mi caca, es que también necesito algo para no hacerme pis. Y claro, uno ya no se controla, y entre un pañal y otro para que no se note mucho que me mojo, se me van cerca de 100 euros.  Y para colmo Sra. Ministra como cada vez estoy más torpe y no me entero de nada, desde el mes de Marzo me han sacado del centro de día al que asistía. Y ahora, pues aquí me tiene, sin ninguna ayuda de dependencia, en la casa todo el día y a la espera de que los chiquillos me saquen un rato a la calle. Cuando ellos puedan claro, que alguno todavía tiene trabajo.

Dígame ministra ¿por qué después de tantos años de haberme portado bien ahora me tratan así? Yo sé que para usted, acostumbrada a no ver el Jaguar en el garaje, ese gasto será unos cafés de nada. Usted que es tan católica y tanto ama el prójimo ¿no podría quererme un poquito? Como verá los viejitos nos conformamos con poco: tener para comer y estar atendidos el día de mañana y si fuera posible, también el día de hoy.

Bueno, en realidad no estoy tan preocupado por mí. Estoy un poco preocupado por los que pueden estar peor que yo y dejarán de tomar medicina, o no tienen para comer o tienen que compartir su mísera pensión con el resto de su familia en paro pero quería contarle la anécdota de mi visita a Don José. Por si se me olvidaba, porque los que recibimos la visita del alemán ese se nos olvidan pronto las cosillas. Yo olvido, pero afortunadamente, otros nos tienen siempre en el recuerdo.

Gracias Sra. Ministra. Espero no haberme olvidado de nada.

Adiós Sanidad. Adiós Educación.Bienvenidos los gastos militares, reales y religiosos

No es que quieran acabar con todo. Es que van a acabar con todo. Adiós Educación. Adiós Sanidad.

Las nuevas medidas que acaba de anunciar el Gobierno antipopular que nos está tocando sufrir y que pretende masificar las clases de Educación Infantil, Primaria y Secundaria nos van a llevar a un regreso jamás imaginado. El regreso a los años 70, cuando las peleas por arrancar escuelas dignas, bajar la masificación e ir estableciendo condiciones de decencia en la ESCUELA eran la reivindicación nuestra de cada día.  Y parece que tras 30 años todo se va a perder. La buena educación, la educación de calidad, va a estar solo al alcance de los que tengan dinero. De los que puedan pagarla. Y es que la defensa que hace el Partido Popular de los pudientes, de los ricos, de los bancos, de los que ganan pensiones que no se podrán gastar, está siendo maravillosa. Tan maravillosa que bordea la vergüenza.

Y yo me niego. Me niego a que nuestros hijos y tus hijos no puedan aprender en condiciones dignas. Y es que estos señoritos que siguen apoltronados en sueldos maravillosos no se les oye que van a bajarse sus sueldos; que van a acabar con un Senado inútil; no se les oye decir que van a disminuir los gastos militares, despilfarrando dinero en guerras interesadas o comprando armamento para dar vida a empresas que siembran la muerte; me niego a que sigamos pagando reales cacerías mientras mis hijos y tus hijos sortearán los días hacinados en un aula; me niego a seguir manteniendo colegios y prebendas religiosas en un estado laico. Yo a todo esto por lo que he luchado me niego a perderlo. Solo espero, que tú y muchos como tú empecemos de nuevo a pelear por algo que siempre consideramos prioritario.

Luchamos también por construir una Sanidad mejor. Unos Centros de Salud cercanos y a nuestro servicio que son la envidia de Europa. Unos hospitales a la vanguardia mundial en investigación y atención. Por esto hemos luchado. La tenemos. La disfrutamos. Y te la van a quitar. Y pedirás por las esquinas. Y te morirás en plena calle porque tu dinero no llega para tener una cama.

Todo esto lo estás viendo. Está pasando. Te están quitando tu Sanidad y tu Educación. ¿Vas a dejar que la mala hierba siga creciendo? Grita muy alto, y di NO. Y nos volvemos a los 70. Sí. Y sacamos de nuevo nuestras pancartas. No sería mala idea apelar de nuevo a una clásica: EL PUEBLO UNIDO JAMÁS SERÁ VENCIDO. El tiempo corre en nuestra contra.

Los que ponen la muerte en el futuro ¡que cojan la maleta!

La maleta, poema del poeta canario Pedro Lezcano

El poeta canario Pedro Lezcano realizó este poema a principios de los años 80 cuando  se temía que la OTAN creara bases en Canarias como plataforma para controlar a países africanos. Hoy me resulta interesante devolverlo a la actualidad con motivo de los recortes y robos que se perpetran contra nuestro pueblo. Son como los enemigos que vienen de fuera y que hacen que estemos tentados de abandonar nuestras casas, nuestras tierras y nuestros sueños. Por eso, ante los que destruyen nuestras vidas debemos posicionarnos y gritarles a ellos ¡que cojan la maleta! y que vamos a defender hasta el final lo que tanto nos ha costado. Si ayer luchamos por lo que era nuestro, hoy tenemos muchos más motivos y razones, sobre todo, para defender nuestra Sanidad y nuestra Educación. Disfruta del poema en su versión escrita y musicalizada. Canta Taller Canario.

Ya tengo  la maleta,
una maleta grande, de madera:
la que mi abuelo se llevó a La Habana,
mi padre a Venezuela.
La tengo preparada: cuatro fotos,
una escudilla blanca, una batea,
un libro de Galdós y una camisa
casi nueva.
La tengo ya cerrada y rodeándola
un hilo de pitera.
Ha servido de todo. Como banco
de viajar en cubierta,
y como mesa y, si me apuran mucho,
como ataúd me han de enterrar en ella.
Yo no sé dónde voy a echar raíces.
Ya las eché en la aldea.
Dejé el arado y el cuchillo grande,
las cuatro fanegadas de la vieja…
– La hostelería es buena, me dijeron.
Y cogí la bandeja.-
Si señor, no señor, lo que usted mande,
servida está la mesa…
Yo por vivir entre los míos hago
lo que sea.
Vi a las mujeres pálidas del norte
arrebatarse como hogueras
y llevarse las caras como platos
de mojo con morena,
tanto que aquí no dejan ni rubor
para tener vergüenza…
Vi vender nuestras costas en negocios
que no hay quién los entienda:
vendía un alemán, compraba un sueco,
¡y lo que se vendía era mi tierra!
Pero no importa, me quedé plantado.
Aquí nací, de aquí nadie me echa.
(Hasta que el otro día lo he sabido,
y he hecho de nuevo la maleta.)
He sabido que pronto van a venir de afuera
técnicos de alambrar los horizontes,
de encadenar la arena,
de hacer nidos de muerte en nuestras fincas,
de emponzoñar el aire y la marea,
de cambiar nuestros timples por tambores,
las isas por arengas,
las palabras de amor por ultimátums,
por tumbas las acequias…
Si se instalan los técnicos del odio
sobre nuestras laderas,
los niños africanos, desvelados
bajo la lona de sus tiendas,
mirarán con horror las siete islas,
no como siete estrellas,
sino como las siete plagas bíblicas,
las siete calaveras
desde donde su muerte, y nuestra muerte,
indefectiblemente se proyectan.
Yo por mi parte cojo la maleta.
La maleta que el viejo
se llevó a las Américas
en un barquillo de dos proas,
¡Qué valientes barquillas atuneras!
Tienen dos proas, una a cada lado,
para que nunca retrocedan.
Vayan a donde vayan siempre avanzan.
¿Quién dijo popa? ¡Avante a toda vela!
Y yo…voy a marcharme, reculando.
Voy a dejar que crezca
sobre esta tierra mía
toda la mala hierba.
Voy a volver la espalda al forastero
que vendrá con sus máquinas de guerra
para ensuciar de herrumbre las auroras,
de miedo las conciencias…
Pensándolo mejor, voy a sacarde la vieja maleta
el libro, la escudilla, la camisa,
la batea, voy a pintar y a barnizar de nuevo
su gastada madera,
voy a quitarle el hilo y a ponerle
la cerradura nueva.
Y con ella vacíame acercaré a la Isleta,
y al primer forastero de la muerte
que llegue a pisar tierra
se la regalo, para siempre suya,
y que la use y nunca la devuelva.
¡No quiero más maletas en la historia de la insular miseria!
Ellos, ellos, que cojan ellos la maleta.
Los invasores de la paz canaria
que cojan la maleta.
Los que venden la tierra que no es suya
que cojan la maleta.
Los que ponen la muerte en el futuro
que cojan la maleta¡
Que cojan la maleta,
que cojan para siempre la maleta!

Elogio de la sanidad pública | Denuncia

Elogio de la sanidad pública | Denuncia.

La historia de Rosita narra las vicisitudes de un ciudadano cualquiera cuando el gobierno decide que la sanidad es un negocio: de la sanidad pública a la concertada

Una noche de marzo, Rosa (Rosita para sus amigos), fue internada de urgencia en el Hospital Dr. Negrín (hospital público de Las Palmas de Gran Canaria) aquejada de un infarto de miocardio. Durante sus días en ese centro hospitalario, pasó por la unidad de medicina intensiva y la planta de cardiología. En su estancia de más de un mes en ese hospital, Rosita se sintió atendida y querida, dando muestras todo el personal de una gran profesionalidad, a la que se unía el respeto, el cariño y el trato amable y cercano con el enfermo.

Un mes más tarde, una tarde gris del mes de abril, a Rosita le dicen que se ha convertido en una enferma crónica y que, siguiendo los protocolos que tiene establecidos el Servicio Canario de Salud, iba a ser trasladada a una clínica privada, concertada con la Consejería de Sanidad. Ella y su familia pensaron que si esa era la mejor opción para que otros enfermos pudieran seguir beneficiándose de la sanidad pública, lo aceptarían de buen grado, en la creencia de que la clínica privada concertada le iba a ofrecer unas condiciones dignas y un trato humano. La clínica a la que sería enviada fue la Clínica San Roque (clínica privada de Las Palmas de Gran Canaria).

Su estancia en este centro hospitalario comenzó en Urgencias, donde fue retenida durante más de cuatro horas a la espera de habitación, a pesar de que venía con todos los informes y pruebas desde el Hospital Dr. Negrín, y con las pertinentes recomendaciones de tratamiento. De allí, sería trasladada a la habitación 322 y para ella y, sobre todo para su familia y amigos, comenzó el espanto de conocer las míseras e indignas condiciones a las que muchos canarios, cuando han dado lo mejor de sus vidas, son enviados.

Era una habitación pequeña y estrecha, con tres pacientes, todos ellos de diferentes patologías. A Rosita le daba en todo su rostro una claraboya, por donde se colaba el sol y el viento; a Rosita la pusieron en una cama a la que ya no le respondían los mecanismos para ajustarla a las posiciones que su dolencia necesitaba; a Rosita le retiraron el oxígeno prescrito sin que se notificaran razones médicas para ello. Durante el tiempo que allí estuvo debió soportar ruidos infernales procedentes de motores cercanos que hacían imposible conciliar el sueño y el descanso. Desde esa cama Rosita podía ver que un piso más arriba había una especie de habitación techada con planchas. “Es otra de las habitaciones concertadas”, alguien le dijo. “Parece que me gustaba más el otro hospital” decía, a la vez que pedía disculpas a las personas que estaban con ella por la lata que estaba dando.

En la Clínica San Roque, la Unidad de Cuidados Intensivos no estaba concertada, en caso de urgencia el paciente debía volver a ser trasladado al hospital públicoPasadas 40 horas desde su entrada en la Clínica San Roque, Rosita sufrió un nuevo ataque cardíaco. Durante cerca de dos horas, Rosita se movía y desesperaba, pedía un calmante que nunca apareció y si se aliviaba, por momentos hasta nos sonreía. Pensábamos que de un momento a otro sería atendida. Pero no. Está visto que la justicia y la dignidad están a mucha distancia de los más débiles. “Esta señora debe volver al Negrín”. “¿No tienen Unidad de Cuidados Intensivos?”, preguntarion sus familiares. “Sí que la tenemos, pero no está concertada”, dijo el doctor, que seguramente en ese instante pensaba más en el beneficio empresarial que en atender dignamente a un ser humano.

Efectivamente y, afortunadamente, Rosita fue trasladada de nuevo al Negrín. Allí fue cuidada y mimada, tratada con respeto por auxiliares, médicos y enfermeras. Con la dignidad de un ser humano, y arropada por el cariño de los suyos, días más tarde, Rosita falleció.

Me atrevo a sacar a la luz esta pequeña historia para denunciar la vista gorda y la dejadez que hace el Gobierno canario de los conciertos que firma. Pensamos que concertar significa entrar a un hospital en igualdad de condiciones, sin ser discriminado y ofreciéndote una habitación igual que si la hubieses pagado. Los que vimos las condiciones de la Clinica San Roque, que más bien parecen cuartos trasteros de la muerte, sentiríamos alivio incluso si fuéramos tratados en cualquier pasillo de la sanidad pública, no solo por la profesionalidad de los trabajadores, que también, sino por los valores humanos que de ellos emanan.

Desde aquí nuestra exigencia al Gobierno canario de invertir en la sanidad pública y que no contribuya a llenar los bolsillos de personajes a los que no les interesa la salud de los canarios. Rosita ya no está con nosotros, pero otros humildes trabajadores y trabajadoras agradecerían ser tratados humanamente, y que, llegado el caso de afrontar el último viaje, se les ayudase a morir dignamente.

Esta historia ocurrió hace algún tiempo. Hoy leo en periódicos locales que en un hospital del mismo grupo, Grupo San Roque, y tras una operación a un ciudadano chino, los cirujanos de esa clínica han dejado olvidadas dos pinzas. Como complemento a mi historia desarrollo un pequeño Storify, sobre esa noticia y lo difícil que resulta conocer el nombre del centro privado donde se desarrolló la negligencia. Ir al enlace original

Fuente: http://bottup.com/201201248105/Denuncia/elogio-de-la-sanidad-publica.html#ixzz1kgjZOfrn

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